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Mi piscina verde, no gracias

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El mundo entero ha visto estos días cómo las piscinas en las que se disputan diversas pruebas de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 cambiaron súbitamente de su habitual color azul a verde. Deportistas, jueces y espectadores de todo el Mundo se preguntan, todavía hoy, a qué se ha debido este cambio de color. Sin llegar a analizar el agua de las piscinas olímpicas, diversas causas rondan la mente de los expertos. Entre ellos, está la directora del laboratorio de Medioambiente y Bromatología de Vithas Lab Lema & Bandín, Ruth Castro, que en este post nos explica algunas posibles causas y lo que es más importante cómo actuar si eso nos ocurriera en nuestra piscina.

Foto:  Al Bello Getti Images  JJOO Rio 2016

Dos saltadores italianos realizan su ejercicio sobre la piscina verde de Rio de Janeiro                     Foto: Al Bello Getti Images (JJOO Rio 2016)

El color del agua puede verse alterado por distintos factores, no hay uno específico. Lo recomendable es mantener un equilibrio del agua. Entre los parámetros a controlar se encuentra el pH, temperatura del agua, el cloro o el desinfectante que se utilice.  Según Ruth Castro Nogueira, “la alteración de estos puede provocar un cambio en el comportamiento de los microorganismos que están presentes en el agua y hacer que haya un crecimiento de microalgas que varían el color del agua; o un cambio en el valor de pH junto con alguna variación del cloro.

Desde el punto de vista microbiológico el agua de la piscina puede estar contaminada por diferentes microorganismos. Actualmente, la legislación española -el Real Decreto 742/2013, de 27 de septiembre, por el que se establecen los criterios técnico-sanitarios de las piscinas- nos indica cuáles son los microorganismos que tenemos que tener controlados.

En el caso de las piscinas no climatizadas, se analiza la bacteria Escherichia coli y Pseudomonas auruginosa; mientras que si la piscina tiene aerosolización, o está climatizada, se tiene que analizar -también- la Legionella spp.

En cuanto al pH, lo más recomendable es mantener el pH de la piscina en los valores recomendados, en España el pH tiene que estar entre 7,2 y 8,0. Para que esto se cumpla hay que hacer una dosificación exhaustiva de los productos químicos que se empleen como por ejemplo algunos ácidos (clorhídrico, muriático, etc..); y para ello, también hay que tener en cuenta que la dosis depende del volumen de agua de la piscina.

Tratamiento de desinfección

La presencia de microorganismos en el vaso de la piscina depende en gran medida del tratamiento de desinfección que se realice. Es cierto que un mayor número de usuarios hace que el agua de la piscina sufra más cambios, pero en gran medida si los usuarios cumplen con las medidas de higiene establecidas en la propia piscina, no tiene por qué verse afectada el agua.

La lluvia sí puede modificar algunas características del agua si es excesiva; y la orina por su composición aporta nitrógeno, lo cual puede convertirse en amonio, que en estos momentos no está regulado. Además, la orina -junto con el sudor– por su composición, pueden reaccionar con el cloro de la piscina y dar lugar a compuestos irritantes, por lo que es importante que los usuarios de la piscina cumplan con todas las normas higiénicas establecidas.

A la hora de escoger los métodos de desinfección más apropiados a las características del vaso de la piscina, ya que no sirven todos para todas las piscinas. Antes de optar por una desinfección ultravioleta, o un sistema de ósmosis inversa u otro método de reciente aparición, hay que hacer una evaluación previa para escoger el tratamiento más adecuado.

En Vithas Lab Lema & Bandín, realiza análisis del agua de la piscina, estudiando el pH, cloro residual (combinado y libre) turbidez, así como la presencia de bacterias E coli, Pseudomonas aeruginosa, y en el caso de las climatizadas y con aerosoles, la legionella spp.

Si la analítica, que se debería de repetir mensualmente, se considera inadecuado, Vithas Lab Lema & Bandín emite un documento en el que se incluye el informe del ensayo donde se establecen posibles medidas correctoras. Una vez aplicadas estas recomendaciones, se vuelve a analizar el agua para constatar la salubridad de la misma.

Pero además de las analíticas habituales (una vez al mes) es necesario realizar un análisis extraordinario si en el vaso de la piscina se detectan coloraciones extrañas o mayor turbidez de lo habitual.

 

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