Una de cada tres muertes en España se relaciona con las enfermedades cardiovasculares, y la alimentación es la herramienta de prevención más accesible que tenemos. No hace falta una dieta milagro: se trata de patrones sencillos y sostenibles, al estilo de la dieta mediterránea, que protegen el corazón todos los días.
La base: plato equilibrado
En cada comida principal, la mitad del plato dedicada a verduras, un cuarto a cereales integrales (arroz, pasta, pan, legumbres) y un cuarto a proteínas magras: pescado, pollo, legumbres o huevo. El aceite de oliva virgen extra como grasa principal y el pescado azul dos o tres veces por semana completan el patrón cardiosaludable.
Lo que conviene reducir
La sal oculta (ultraprocesados, salsas, embutidos), los azúcares añadidos en bebidas y dulces, y las grasas saturadas de la bollería y los fritos. No se trata de eliminar nada para siempre, sino de reducir la frecuencia y el tamaño de las porciones sin que la alimentación se convierta en una obsesión.
Si tienes colesterol o hipertensión
Además de lo anterior, prioriza las grasas insaturadas (frutos secos, aguacate, pescado azul) y las fuentes de fibra y fitoesteroles, como las legumbres, la avena y los frutos secos. En hipertensión, la reducción de la sal y el ejercicio regular son tan importantes como el tratamiento si tu médico lo ha pautado.
Peso, cintura y seguimiento
Mantener un peso adecuado y vigilar el perímetro de cintura reduce la carga de trabajo del corazón y mejora la tensión arterial y el azúcar. Si necesitas ayuda para planificar un cambio realista y sostenible, una valoración nutricional con nuestro equipo puede ser un buen punto de partida.
Ficha de revisión médica
Este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Si tienes síntomas o dudas sobre tu salud, acude a tu médico.